Crítica: Hombres de cera

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La tarea del escritor

Parece que el escritor se encomendó a sí mismo la tarea de escribir algo que sea lo mejor y que pueda dejar una marca fuerte en nuestra sociedad. Es increíble la conexión entre la dirección, la actuación, la escenografía y el texto del autor al que todos le rinden homenaje. Parece que por primera vez a nadie nada le resulta tan importante como el texto que pronuncian, interpretan, y hasta también al director para destacarlo y acentuarlo correctamente. La obra discurre y sin ningún problema se la puede mirar tres horas con pausa. No existe el esfuerzo pues con facilidad uno ingresa a tres historias que relaciona el escritor y músico al que interpreta Goran Grgić.

Luka Dragić (Foto: HNK)

Janusz Kica, que habitualmente insiste en la sello particular que imprime el director, lo cual es en general bueno y correcto pero hace recordar eternamente a la estética que era popular en los años ochenta, esta vez realmente sorprendió con su brillante oficio de dirección en el que se nota un movimiento pensado en el que el director ofrece la acentuación del texto. En realidad se retira de las exageradas “intervenciones artísticas del director”, como eso parece habitualmente cuando de él se trata, y deja que el drama viva, crezca de tal manera que sin forzar lo transforma en una forma perfecta que canaliza el texto de escena en escena en una totalidad perfecta.

Goran Grgić (Foto: HNK)

La corona de la obra es el texto de Mate Matišić

Este texto crea la ilusión de que pasamos la intimidad de Mate Matišić, lo que en realidad es también una astuta ironización de la intromisión en su vida privada, como en verdad sucedió después de que el escritor adoptó a los mellizos de su fallecido amigo y conocido director  Krsto Papić. El escritor no solamente que se burla de los medios y juguetea con aquello que es verdad o es mentira, él con la ilusión creada sobre una confesión íntima ironiza la política actual y por ejemplo el tema del aborto. Luego cuestiona la formación católica o la influencia de la Iglesia Católica sobre la sociedad en Croacia, acentuando que él es católico. Finalmente se pregunta a sí mismo: ¿quién soy yo? Y termina con un psicoanálisis. Parece que concluye en que es realmente necesario que nos analicemos a nosotros mismos e intentemos entender quiénes somos en este contorno social.

Igualmente cuando nos ubica en la localidad de Ričice, ubicada en los alrededores de la ciudad de Imotski, él ironiza el sufrimiento de la diáspora croata, sobre todo el de la inmigración económica de la cual son parte también sus propios padres. Esos son los habitantes de Imotski que pasaron su vida laboral en Alemania. Él muestra a Jozo, cuyos padres trabajaron duramente en Alemania para sobrevivir y es  interpretado por Bojan Navojec, quien para vivir bien ahora vende droga a toda la aldea y a toda la zona de Imotski contrabandeándola a través de la frontera con Bosnia. Al mismo tiempo muestra a un político que desea poner alambre de púa y minas en esa frontera porque tiene miedo de la entrada masiva de los musulmanes desde Bosnia.

Slavko Juraga y Goran Grgić (Foto: HNK)

Lo llamativo es que la fuerza de su texto surge justamente de que allí presentó la situación como peor que en la película El padrino. Aunque nuevamente como una aldea ingenua e inocente, un entorno primitivo, inculto, como una zona provinciana salvaje que en realidad muestra nuestra realidad política y social.  Todo eso puede ser así y no importa qué es terrible y cuán terrible es, pero eso también puede ser así. En verdad mostró lo grande que puede ser la fuerza del escritor y como nos puede conmover, sacudir, manipular nuestras emociones mientras miramos la obra y que todo eso nos resulte claro y lógico mientras la miramos pues de esta manera escribe sobre la sangre, la violencia, la política, la guerra, el crimen, la industria pornográfica, la violación,  la trata de personas, el dinero, la traición, la responsabilidad, el primitivismo, el espíritu católico y la diáspora.

Alma Prica (Foto. HNK)

Todo eso está bien pensado y recreado literariamente en forma brillante, de tal manera que sacude, estremece y penetra. Emotivamente sostiene y llena, y no vacía como sucede habitualmente en los escenarios actuales. La obra mantiene la tensión, juega con las emociones, y en realidad  es una excelente obra para que una compañía de actores la interprete en el Teatro Nacional de Zagreb. Para que finalmente se pueda ver una obra de tres horas que mantiene la tensión y donde la pausa es hasta una sabia intervención del director para separar la conclusión y poner el acento en la tercera parte que es la final. En ese momento el escritor se dirige a sí mismo, y en ese momento también nosotros nos preguntamos quiénes somos.

A Goran Grgić se le cree

Ese tríptico dramático lo relaciona el escritor Viktor que pasa a través de tres historias: La admiradora, El primer musulmán en la aldea y Debajo de la peluca. La forma de la obra es sin grandes excesos estéticos del director, maquillada con un tinte algo burgués y no demasiado impresionante escenográficamente, aunque la escenografía del Estudio Numen y  de Ivana Jonke funciona como parte de la actuación pero no es demasiado exótica, acentuada. Los trajes de Doris Kristić recrean ese mundo sencillo, esa gente común de la vida. Nada interesante. De algún modo nos devuelven a los años setenta, pero en algún lugar simplemente nos detienen en esa idea de la vida común.

Jelena Perčin (Foto: HNK)

Janusz Kica no obstante relacionó bien esas tres partes dramáticas y estilísticamente distintas en un desarrollo de la vida de un ex rockero y ahora escritor que mayormente está desfasado de nuestra mentalidad en la que predomina el provincialismo. Y tal vez justamente esa manera de ver del director, que no fue adaptada desde Croacia a la visión de Mate Matišić, obtuvo aquello que su texto dramático merece, que se haya destacado especialmente. Goran Grgić interpretó brillantemente durante tres horas al escritor permanentemente pasivo, de tal manera que pareció que era pasivo pero eso es una actuación que mantiene todo eso pegado y en ningún momento fue aburrido mirarlo a él pues se identificó totalmente con su personaje. Se le cree todo lo que dice.

Ksenija Marinković (Foto: HNK)

La música la compuso Tamara Obrovac y en la obra además actúan Ana Begić, Ksenija Marinković, Ivan Jončić, Slavko Juraga, Luka Dragić, Siniša Popović, Bojan Navojec, Ivan Glowatzky, Milan Pleština, Silvio Vovk, Kristijan Potočki, Alen Šalinović, Jelena Perčin, Alma Prica, Damir Markovina, Vanja Matujec, Iva Mihalić, Katija Zubčić, Barbara Vicković, Olga Pakalović, Ivana Boban y Dora Lipovčan.

Síntesis

El drama tríptico Hombres de cera está compuesto de tres partes independientes y estilísticamente distintas, cuya conexión principal es Viktor, escritor dramático y guionista, ex guitarrista de rock y estrella pop-rock de la ex Yugoslavia, equivalente de Mate Matišić, escritor dramático y guionista, otrora guitarrista y estrella del grupo yugoslavo Prva ljubav (Primer Amor).

Ivana Boban (Foto: HNK)

En la primera parte, titulada La admiradora, Viktor inesperadamente se enfrenta a su lejana juventud, descubriendo que con una admiradora olvidada de sus días rockeros comparte algo más que los recuerdos, cosa que compromete su actual vida ordenada de ciudadano.

En la segunda parte, titulada El primer musulmán en la aldea, Viktor retorna a su aldea natal  Ričice en el interior de Dalmacia donde el destino de un ex combatiente desilusionado lo inspira a escribir un drama.

En la última parte, titulada Debajo de la peluca, Viktor y su esposa aceptan hacerse cargo de un niño cuya madre está muriendo víctima de un cáncer, pero esa decisión de una manera inesperada va a descubrir los conflictos reprimidos que Viktor guarda en su interior. Las siguientes funciones tendrán lugar los días 20 y 26 de enero.